domingo, 8 de octubre de 2017

El poder y la fuerza






Independencia de Cataluña
Poco a poco, con la ineluctable pausa de los fenómenos históricos, el marxismo impone sus leyes, porque no es sino puro y duro marxismo todo lo que está imperando en el mundo.
Decía el judío alemán de la barba frondosa que todo es economía, que todo puede explicarse por la lucha silenciosa y eterna entre los dos grandes factores de la producción, el capital y el trabajo.
Y a las pruebas me remito.
Rajoy, el inefable Rajoy, ha luchado contra la revolución catalana con todos los medios a su alcance cosechando un indescriptible fracaso.
La Caixa y el Sabadell han hecho un mínimo movimiento de ajedrez y la abominable Dui, la temida declaración unilateral de independencia, oh, milagro, por lo pronto, se ha detenido unos días.
Puigdemont, el imparable Puigdemont, se ha detenido, poco, pero una parada, al fin y al cabo, buscando, desesperado, una salida que aleje de él este trance, porque se trata de elegir entre admitir que ha sido un inconsciente incapaz de sopesar las terribles consecuencias de su apuesta, lo que arrojará sobre él todo el oprobio de haberse comportado como un falso Moisés, o consumar la dui sometiendo a Catalunya a una situación insoportable por demasiado incómoda.
Porque se puede sobrevivir, o, si ustedes quieren, malvivir, bajo la opresión de un gobierno central que no nos aprecia, pero lo que no se puede hacer es seguir alentando la Dui sin tener un soporte económico que nos aporte lo imprescindible.
Eso parece que han acabado por comprenderlo hasta él y Junqueras y se lo han enseñado la Caixa y el Sabadell con un simple movimiento de fichas en el tablero que constituye la famosa piel de toro.
Y es que una cosa es el poder y otra, muy distinta, la fuerza.
Uno puede armarse de valor, de un valor indiscutiblemente suicida, sí, pero, el día después, hay que dar de comer a la gente.

sábado, 23 de septiembre de 2017

¿Ay de los vencidos?






“Como decíamos ayer”-fray Luis de León, al volver a su cátedra, tras salir de la cárcel, donde había pasado unos años-todo, absolutamente todo, lo que ocurre no ya en España, sino en todo el puñetero mundo, se hace bajo la nueva ley de hierro de la más perversa de las políticas: es preciso que todo cambie para que todo siga igual.

El gobierno de Rajoy no está contento con la actuación de los “mossos” de escuadra de Cataluña y, en lugar de decirlo así, llanamente, va el tío y dice que va a poner  todo el operativo de las fuerzas policiales bajo un mando común, un coronel de la Guardia Civil, que por su apellido me da la impresión que es de mi jodido pueblo, Pérez de los Cobos, qué casualidad, el mismo apellido que su homónimo que llegó a ser presidente del Constitucional, sin otro mérito relevante que ser miembro, con carnet, del PP.

Si los que mandan en España no están de acuerdo con el comportamiento de los “mossos”, que lo digan, den la cara y actúen en consecuencia, pero, no, eso quebrantaría el que ya es el más firme de los preceptos que rigen su propia actuación, como parte de esa conspiración universal que tiende a que no se hagan las cosas descaradamente, las actuaciones mafiosas y fascistas como lo que realmente son, cumpliendo aquella orden de Aznar de actuar descaradamente, sin complejos.

Y es que los ultraderechistas realmente inteligentes saben que la lucha por el dominio del mundo mundial se libra en dos frentes, el de los tanques y los portaviones y el de la hipócrita diplomacia.

De modo que el que yo sospecho que es mi paisano, y con cuyo padre fui yo al colegio, debe de ser un tío en toda regla, capaz no ya de domeñar a los “mossos” sino de meter en cintura a todos esos descarriados que pululan ahora por Cataluña.

“Vae victis” que según creo significa: ay de los vencidos.

Ojalá me equivoque.

jueves, 21 de septiembre de 2017

La verdadera democracia es esto




A veces, cuando escribir todo lo que pienso, exactamente como lo pienso, me aterra, porque ahora sólo soy un hombre demasiado viejo y enfermo para empezar a luchar con la vida para seguir haciendo lo que ahora hago, permitir que mi esposa muera tranquilamente, bien atendida y con dignidad, no tengo más remedio, si quiero seguir colaborando en la tarea que eddie y futbolín realizan por aquí, que traer a mis blogs, algo que escribí hace tiempo y que yo considero plenamente aplicable a lo que ahora mismo está ocurriendo.

16 de junio de 2.011
Giuseppe Tomasi di Lampedusa.jpg


Desde que lo cité por 1ª vez, hace ya muchos meses, creo que vengo repitiendo la cita con una periodicidad escalofriante: todo el pensamiento ultraconservador del mundo utiliza, sin admitirlo, sin confesarlo, que toda su actuación se basa en lo que yo vengo llamando el axioma de Lampedusa: es preciso que todo cambie para que todo siga igual.

Los griegos hablaron, que yo sepa, por 1ª vez de la democracia hace ya un montón de años, siglos, y lo hicieron de manera genérica, como una de las formas de gobierno pero no la única ni probablemente la mejor.

Las sociedades, los pueblos, las naciones son cuerpos tan vivos como el nuestro físico y, como nuestro cuerpo, están sometidos a una serie de vicisitudes de desarrollo y aclimatación a las circunstancias que acaecen en el devenir de sus existencias. No se pueden petrificar sus vidas como tampoco se puede hacer con las nuestras.

Es por eso que gentes tan sabias, como Aristóteles, hablaron ya de la evolución de las formas de gobierno como una serie de etapas que indefectiblemente se producen en el devenir de la vida de los pueblos.

Es por eso, también, que constituye una herejía política lo que se está haciendo ahora, intentar implantar a la fuerza, pero a la fuerza viva y bruta con golpes de porras, eléctricas o no, con disparos de balas de goma o de plomo, con gases lacrimógenos, con detenciones y arrestos sin orden judicial, e incluso con torturas, a todos aquellos que no están de acuerdo con cómo se les gobierna y lo dicen y protestan.

Los seguidores del canallesco Lampedusa, ese maquiavelo moderno, lleno de cinismo y desaprensión, han comprendido perfectamente su máxima, que no es sino la consagración del más insuperable de los cinismos: “por supuesto que el único orden bueno es el nuestro, por eso debemos luchar a muerte para conservarlo, claro, sin renunciar a ninguna clase de medios para ello, como las guerras, las matanzas, el exterminio y la persecución a muerte de los disidentes, pero esto es ya demasiado primitivo e implica un gasto enorme de nuestra energía que podría dedicarse a otras funciones más progresivas, el nuevo mandamiento nuestro debe de ser: fingir que todo está cambiando realmente para que, en realidad, todo siga igual, es decir, darle la razón a los descontentos, asumir las reclamaciones históricas de los miserables, llevar en nuestros programas todas aquellas reclamaciones, exigencias del pueblo que no pensamos en modo alguno cumplir, para poder darle con ellas, con esas declaraciones de principios absolutamente inoperantes, a los llamados demócratas, en sus narices, al propio tiempo que se les dice ¿pero qué es lo que pedís, democracia, pero si eso es lo que tenéis ya, acaso no se os permite votar cada equis años para que elijáis entre los mismos tipos con solo los collares diferentes? ¿O es que realmente queréis ser los que dispongáis libremente de vuestro destino, joder, pero si eso es absolutamente imposible, eso no lo tenemos ni siquiera nosotros, los que realmente gobernamos el mundo?”.

“El mundo y la vida son realmente muy difíciles de gobernar, incluso para nosotros, que lo tenemos todo, que disponemos de todos los recursos habidos y por haber para hacerlo. Por eso no podemos admitir, ni por un momento, esa locura vuestra de autogobernaros porque llevaría al mundo a su destrucción puesto que supone, por principio, el dominio de la anarquía.

“Es por ello que las porras eléctricas o no, los fusiles con fuego real o simulado, los gases, las tanquetas son absolutamente necesarios, para defenderos a vosotros de vosotros mismos, que sois como niños que no saben realmente lo que quieren, así que, ahora, después de haberos dejado retozar a vuestras anchas por un tiempo que no podía ser demasiado largo, volved al redil de una puñetera vez ¿o es que pensáis realmente que el mundo y la vida pueden funcionar bajo esa anarquía de gente que se pasa todo el día discutiendo si se debe encender una vela a Dios y otra al Diablo?, coño, no, que hay que vivir, o sea, haceros trabajar a los que tengáis, qué suerte, un puesto de trabajo, y conservéis todavía la energía suficiente, luego, ya veremos qué hacemos con vosotros, si tiraros por el monte Taijeto  o inyectaros algo letal que acabe con vuestras puñeteras vidas apaciblemente, si es que logramos convencer a esa vieja prostituta, la Iglesia”.

“Pero, oídlo bien, democracia no es, como se ha dicho tan estúpidamente, el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo, qué salvajada, eso es tanto como admitir que los animales podrían gobernar el mundo si se lo propusieran, democracia no es ni más ni menos que acudir cada cierto tiempo ante las urnas para elegir entre mí mismo y mi hermano gemelo para que uno u otro, qué más da, os vaya privando, de uno en uno, de cualquier derecho que podáis tener porque los derechos, todo el mundo lo sabe, acaban por ablandar a la gente, por echarla a perder, por acostumbrarla a esa increíble sacrilegio de pedir cada día una cosa más, o sea, a la barbarie, el libertinaje, la autodestrucción”.

“Pero eso, nosotros, los elegidos por Dios para gobernaros, no lo consentiremos nunca”.

jueves, 7 de septiembre de 2017

La llave que no abre ninguna puerta o el mejor de los cinturones de castidad

Karl Marx en el diván: la psiquiatría franquista como arma
La historia no es sino el relato de la lucha de clases y, como tal, tiene sus momentos cruciales.
Un día, hace miles de años, los neardentales de una tribu decidieron unirse para evitar que aquel matón tan grande los putease.
Y lo consiguieron. Cuando el matón intentaba robarle al más pequeño de la tribu su lanza de sílex o la mujer, todos se unieron, como un sólo hombre e hicieron frente al grandullón, hoy, por mí, y, mañana, por ti.
Pero, desde entonces, ha pasado mucho tiempo, tanto que ya nadie se acuerda de lo evidente: la unión es un buen remedio contra la fuerza.
Luego, muchos miles de años después, un judío alemán, barbudo y melenudo, quiso, intentó, derrotar a la fuerza bruta sólo con la inteligencia y se fue a las bibliotecas y estudió y estudió la historia de la humanidad para comprender por qué el hombre es tan hijo de puta y qué se puede hacer contra un animal así.
El auténtico cáncer del hombre es la avaricia, los jodidos liberales afirman todo lo contrario, es la avaricia lujuriosa del hombre lo que mueve el destino de las naciones, de modo que cuanto más avariciosos haya en un sociedad ésta será más libre y más abierta porque la nación será más rica y habrá más para repartir entre todos.
Falacia, falacia pura y dura para engañar a los imbéciles.
Si tú admites que es justa la lucha de los empresarios contra los trabajadores y que el Estado debe limitare a crear las instituciones jurisdiccionales para que los que no tienen nada no puedan levantarse impunemente contra los que lo tienen todo, habrás consagrado históricamente la tesis neoliberalista de que el Estado no es la solución sino precisamente el problema, y que debe limitarse a asegurar las condiciones para que los empresarios compitan entre sí para vender más a base de rebajar la remuneración de sus trabajadores.
Y de esto saben mucho Amancio Ortega y ese jodido cuyo nombre desconozco que ha creado Ikea.
Pero estábamos escribiendo de aquel jodido tipo tan peludo que estudiaba historia y economía en las bibliotecas públicas y que descubrió que toda la puñetera historia del mundo no era sino la traslación a la sociedad de esa lucha a muerte entre los que dominan la economía a base de explotar a sus trabajadores.
Lo estudió a fondo, lo desarrolló y lo expuso de tal modo que convenció a los trabajadores de la explotación que estaban sufriendo, “trabajadores de todos los países del mundo, uníos”.
Y una ola de rebelíón contra dicha explotación recorrió el mundo como una ola gigante libertadora.
Pero el liberalismo capitalista también tenía sus ratones de biblioteca y uno de ellos, el señor de Lampedusa, comprendió que para hacer frente a aquella vorágine que amenazaba con derribar para siempre aquella tan injusta estructura económica había que inventar algo que convenciera a las masas de que el mundo ya no era aquél que Carlos Dickens narraba en sus novelas.
Toda aquella fuerza de la gigantesca ola revolucionaria podía combatirse con un poco de astucia, haciendo que todo pareciera que cambiaba para que todo siguiera igual.
Y otra ola gigantesca asoló al mundo llenándolo de mentiras canallescas que proclamaban que todos los hombres éramos iguales y teníamos los mismos derechos y llenaron el universo de una falacia que ha resultado invencible: unas leyes que ellos llamaron magnas y en las que se recogían unos preceptos inatacables en los que se basaron todas las leyes que iban a gobernar el mundo.
Y son inatacables porque detrás de ellas está la fuerza de las armas del Estado o las de sus tribunales.
De modo que si una región, nación o lo que sea que, ahora mismo se halla integrada en un Estado y se siente inmensamente maltratada por él, no puede intentar salir del mismo de ninguna manera porque, ante su intento de liberación, se esgrimirá esa ley de leyes, esa Carta Magna, absolutamente inatacable, porque los requisitos legales que se exigen para ello son irrealizables, y, si intentara irse por las buenas, se hará sentir frente a los que lo intenten toda la fuerza política, económica y militar del Estado del que dicha región, nación o lo que sea forma parte.

Postdata:

3 días después de publicar yo este post, leo en El Periódico de Cataluña, un chiste de mi admiradísimo Ferreres, en el que uno de los personajes dice lo mismo que yo en el título de dicho post

ferrerrescast170910

domingo, 3 de septiembre de 2017

Excusa no pedida, acusación manifiesta

Ya he dicho por aquí, varias veces, que lo que generalmente se admite como división de poderes es falso, una falsedad más que la derecha ha lanzado al mercado de la información para engañarnos a todos.
Es falso que sólo haya tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial.
Yo no sé si, en los tiempos en los que Montesquieu escribió su L’esprit des lois, lo era, ahora, desde luego, no, y las mismas constituciones de todos los Estados modernos del mundo, lo establecen sin ninguna claridad pero evidentemente.
Si al ejecutivo lo nombra el poder que ha ganado las elecciones generales, que constituye, también, la cámara legislativa ¿de qué coño de independencia de poderes se nos habla?
Y, si al judicial no sólo lo nombra el ejecutivo sino que también lo gobierna sin ninguna clase de trabas, ¿qué clase de independencia es ésta?
Pero esto es lo de menos.
Lo de más es que al dichoso ejecutivo, ése, que lo dirige todo, lo ha designado un pueblo al que han engañado hasta el fondo de sus empequeñecido cerebros, ellos, los puñeteros periodistas.
Esos, a los que con tanta vehemencia defendía el otro día el Ferreras, esa especie de orangután vestido de negro que trata de esconder su calvicie con cuatro pelos que arrastra hasta la frente desde el cogote.
Alguien, yo, por lo menos, no sé quién es, ha tocado a rebato y ha dicho que la tarea más urgente del PP el aprovechar la terrible desgracia catalana para acabar con el independentismo.
Lo que sí sé es quien ha sido el encargado de dar el disparo de salida, el tremendo Maíllo, que dijo como principio a esta caza de brujas algo así como que nadie puede dudar de la honestidad de la prensa española.
Y ya se sabe la terrible certeza del aforismo latino: “excusatio non petita, accusatio manifesta”, excusa no pedida, acusación manifiesta.
Pero lo más terrible que yo he visto en todos estos días es la foto en la que esa tremenda cariátide que es la tal Soraya Sáez de Santamaría, da las instrucciones precisas a la cúspide de la prensa catalana: Maríus Carol, La Vanguardia,  Xavier Vidal-Folch, El País, Enric Hernàndez y Joan Tàpia,  El Periódico.

martes, 15 de agosto de 2017

El mundo y la vida según Rajoy, en El Faro de Vigo


Rajoy ve también un "cambio de tendencia" en el crédito


Llevo siglos escribiendo que no vivimos en una democracia porque este vocablo significa, como muy bien estableciera Abraham Linconl, el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Y como dice la más sabia de las filosofías “nihil volitur qui precognitur” que yo me atrevo a traducir: no se puede querer sin conocer.

En un post que ha colgado en mi blog o bien eddi o bien futbolín, se dice:

   “Pero no todo está perdido: según un informe elaborado por la Universidad de Oxford en 2015 y publicado por el Instituto Reuters para el estudio del periodismo, de los 11 países europeos estudiados, los medios de comunicación españoles son los menos creíbles. A nivel mundial, cuando se analizan los públicos de EEUU, Gran Bretaña, Alemania, Francia, España, Italia, Irlanda, Dinamarca, Finlandia, Brasil, Japón y Australia, sólo los medios de comunicación estadounidenses tienen menos credibilidad que los españoles”.[Img #50338]     (*) Ángeles Diez Rodríguez es Doctora en CC. Políticas y Sociología, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, España, miembro del Foro contra la Guerra Imperialista y la OTAN y colaboradora de Canarias-semanal.org.

Vuelvo al no se puede querer lo que no se conoce: si a ti no te dejan ver otra realidad que la que ellos quieran que percibas, ¿cómo vas, luego, a votarla en las urnas?

Si a ti te mienten constantemente sobre la paupérrima alternativa que ellos dejan que se asome al sombrío panorama nacional, ¿cómo vas a conocer a los que deberían sustituir a los que ahora se ríen de todos nosotros diciendo que nos gobiernan de la mejor manera posible, cuando lo único que hacen a manos llenas es abarrotarse sus bolsillos y los de sus amigos?

Ellos lo llaman capitalismo de amiguetes pero, en realidad es un capitalismo criminal que está llevando a la muerte por inanición, o sea, por no poder comer o por el frío invernal o el calor veraniego, o por el suicidio al que les empuja una irresistible desesperación, seguramente a lo que hubiera sido lo mejor de todos nosotros, porque hubieran tenido consciencia de la esencial vulnerabilidad del ser humano.

De modo que así estamos, gobernados en última instancia por un tipo que escribió, cuando todavía se atrevía a escribir la verdad, en El Faro de Vigo, aquello tan progresista y avanzado de que la desigualdad no sólo es inevitable sino deseable y justa ya que los seres humanos estamos condenados a ser lo que somos por el hecho de nuestro nacimiento, o sea, por la estirpe, decía él: 

"Ya en épocas remotas –existen en este sentido textos del siglo VI antes de Jesucristo- se afirmaba como verdad indiscutible, que la estirpe determina al hombre, tanto en lo físico como en lo psíquico. Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente –era un hecho objetivo que los hijos de “buena estirpe”, superaban a los demás- han sido confirmados más adelante por la ciencia: desde que Mendel formulara sus famosas “Leyes” nadie pone ya en tela de juicio que el hombre es esencialmente desigual, no sólo desde el momento del nacimiento sino desde el propio de la fecundación". 

De manera que los que nacemos como podemos no tenemos más remedio que aceptar nuestro papel de esclavos en la producción, si es que tenemos la inmensa fortuna de llegar a ello y no nos morimos de hambre, frío o calor por el sinuoso camino.

martes, 1 de agosto de 2017

La figura del falso testimonio en el Código penal español





Hoy, en Al rojo vivo, dentro de su sección Maldita Hemeroteca, han proyectado un video en el que Rajoy que, entonces, era el director de la campaña electoral del PP a las elecciones generales, hace una minuciosa exposición de todos los detalles económico- financieros del programa de la campaña de aquel año, con pormenores que descienden hasta el céntimo, lo que, según el programa, se halla en abierta y flagrante contradicción con su deposición como testigo del día 26 de julio del corriente año.

Veamos lo que, al respecto, determina el Código Penal:

Artículo 458

1. El testigo que faltare a la verdad en su testimonio en causa judicial, será castigado con las penas de prisión de seis meses a dos años y multa de tres a seis meses.

2. Si el falso testimonio se diera en contra del reo en causa criminal por delito, las penas serán de prisión de uno a tres años y multa de seis a doce meses. Si a consecuencia del testimonio hubiera recaído sentencia condenatoria, se impondrán las penas superiores en grado.

3. Las mismas penas se impondrán si el falso testimonio tuviera lugar ante Tribunales Internacionales que, en virtud de Tratados debidamente ratificados conforme a la Constitución Española, ejerzan competencias derivadas de ella, o se realizara en España al declarar en virtud de comisión rogatoria remitida por un Tribunal extranjero.

Artículo 460: 

Cuando el testigo, perito o intérprete, sin faltar sustancialmente a la verdad, la alterare con reticencias, inexactitudes o silenciando hechos o datos relevantes que le fueran conocidos, será castigado con la pena de multa de seis a doce meses y, en su caso, de suspensión de empleo o cargo público, profesión u oficio, de seis meses a tres años.


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