domingo, 30 de julio de 2017

Botarates y lenguaraces





Ayer, en La Sexta noche, ese ejemplo de coherencia y fidelidad a los partidos en los que milita, hasta hace cuatro días era UPD, hoy es Cudadanos, C’, Toni Cantó, se descolgó con un “bueno, de ese, no hay que hablar, con decir que es comunista, está todo dicho”.

Como es lógico, apagué la tele.

Hace unos días, otro paladín de la dignidad y de la democracia, el columnista de El Mundo, Jorge Bustos, decía en Al rojo vivo, algo parecido: “Pues yo prefiero que me gobierne un corrupto que un comunista”.

¿Qué está ocurriendo en este puñetero mundo, qué estamos consintiendo que suceda, cuando dos tipejos de esta calaña se permiten decir impunemente que la más noble de las creaciones del pensamiento humano, no debe siquiera mencionarse en serio, en una charanga como suelen ser las tertulias políticas españolas, donde se tolera la participación de tipos como Marhuenda y Eduardo Inda?

El más grande de los filósofos vivos, Jürgen Habermas, es marxista y ningún otro filósofo digno de tal nombre sería capaz de decir algo semejate delante de él, porque el marxismo, padre directo del comunismo, no es sino la mejor manera de interpretación del mundo y de la historia que hasta ahora ha sido capaz de hallar el hombre.

Y es que atacar el marxismo es como atacar la lógica y las matemáticas.

Que gobiernos que se han autotitulado marxistas hayan degenerado en dictaduras de la peor especie ¿y qué?

¿Acaso no lo han hecho también otras muchas ideas filosóficas e incluso religiosas admitidas y practicadas en todo el mundo?

Es curioso que tales críticas provengan de tipos que están absolutamente conformes con estas ideas neocapitalistas ultraliberales, que van a llevar al mundo directamente a su desaparición.

sábado, 29 de julio de 2017

Mercenarios


El PSG acelera por Neymar y este viernes ya ha acordado las comisiones del traspaso: pagará 36 millones de euros.


Ahora resulta que los madridistas tenían razón.

Neymar, jr. es un perfecto hijo de Neymar, sr. 

O sea, un pesetero sobre todas las cosas, un mercachifle, un mercenario,  absolutamente asqueroso.

Acabo de leer que el 30 de julio, o sea, mañana, iba a cobrar 25 millones de euros del Barça, en virtud de lo acordado en el último contrato de renovación, de manera que el tío pesetero está entre la espada y la pared: si admite lo que todo el mundo ya sabe, que ha fichado por el PSG, perderá esos 25 millones y, si calla como un canalla, los cobrará.

Y no sólo calla sino que ha hecho los que, sin duda, son los dos mejores partidos de su vida blaugrana: buscando que el Barça confíe en que todo siga igual y pague, con lo que habrá hecho, siguiendo los dictados de ese genio para los negocios que es su padre, el mejor negocio de su vida, cobrándole al equipo catalán 25 millones, el mismo día que firma con el PSG. Redondo.

miércoles, 26 de julio de 2017

Recuerdos de Derecho penal de un viejo abogado: los papeles de Bárcenas y de Lapuerta




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Como hace ni más ni menos que 70 años que estudié los derechos penales, el sustantivo y el procesal, no estoy muy seguro de que lo que voy a escribir sea cierto, válgame que, entonces, sí que lo era.

Respecto a los actores del hecho delictivo eran, por lo menos que yo recuerde, tres, los autores, los cómplices y encubridores.

Los autores eran los que realizaban directamente el acto constitutivo del delito, los cómplices los que colaboraban a su realización con actos que si bien no constituían parte esencial del mismo, éste no hubiera podido producirse sin su intervención, y los encubridores los que sin tomar parte alguna en la comisión del delito colaboraban de alguna manera en que éste no fuera conocido y castigado.

Todo esto en relación con la actualidad nacional, en la que nos hallamos con que una gran parte de la población entiende como normal que unos señores cometan ese delito que entonces se denominaba malversación de caudales públicos y que consistía en apoderarse del dinero del los entes estatales o públicos de cualquier manera.

Es lo que ahora todos llaman “llevárselo crudo” y que es lo que hacen la mayoría de los que ocupan cargos de esta naturaleza y tienen a su alcance las arcas en las que se ingresan todos nuestros impuestos.

Efectivamente, son autores de dicho delito aquellos que meten directamente la mano en las cajas de las respectivas entidades, pero también son parte importante en dicha malversación los que les ayudan a llevárselo de una manera activa e igualmente aquellos otros que tienen noticia de dichos latrocinios y miran descaradamente hacia otro sitio pensando que está bien, hombre, hoy, por ti, y mañana, por mí.

De modo que no sólo eran autores, por ejemplo, el sr. Lapuerta y el sr.  Bárcenas que practicaban, presuntamente, el noble deporte del cohecho impropio, sino que también eran delincuentes presuntos en concepto de cómplices todos aquellos otros miembros del PP que adjudicaban las contrataciones públicas a aquellos empresarios que, previamente, habían engrasado la ruede para que ésta rodase y aquellos otros más que lo sabían y callaban porque el sr. Lapuerta, según dice el sr. Bárcenas, les llevaba a su propio despacho situado en el mismo edificio, parte del botín dentro de una caja de puros habanos.

Y todo esto ¿está demostrado fehacientemente para que lo estime como cierto la autoridad judicial?

No sé, tampoco, si recuerdo mal las reglas que sobre la prueba establecen nuestras leyes de enjuiciamiento.

Decían, en aquellos tiempos, que la reina de las pruebas, ¿o era la virreina?, es la documental, o sea la constituida por los documentos que obren en autos, que pueden ser públicos, si han sido realizados por funcionarios públicos convenientemente autorizados para ello, o privados si han sido confeccionados por todos los demás actores de derecho.

La eficacia de la prueba en juicio de los documentos públicos es total, si se han realizado por los encargados de otorgarlos y con  todos los requisitos legales para ello, pero lo mismo sucede con los documentos privados si éstos han sido adverados en el procedimiento  mediante el reconocimiento de sus autores y los peritos encargados de confirmar la autenticidad de las letras, firmas y visados que obren en los mismos.

O sea que los llamados papeles de Bárcenas son prueba fehaciente en el proceso de referencia en tanto en cuanto tanto éste sr. como el sr. Lapuerta reconocen que fueran llevados por ambos en concepto de gerente y tesorero y están visados por ellos en todas sus hojas, cuyo extremo se halla avalado por los peritos judiciales nombrados judicialmente para ello.

Entonces si allí se dice que el Sr. Rajoy recibía todos los meses su sobresueldo es porque así se hacía, tal como afirman ambos señores encargados de llevar, estatutariamente, ese libro de la caja que han dado en llamar B, sin ser óbice para ello que el sr. Lapuerta haya sido afligido, posteriormente a todas las diligencias relatadas, por una demencia senil que todos llaman sobrevenida, precisamente porque no puede invalidar todas sus actuaciones personales anteriores y mucho menos si éstas son judiciales y debidamente intervenidas por los órganos encargados de ello.

domingo, 16 de julio de 2017

El Estado y las ideologías


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Margaret Thatcher y Ronald Reagan son los autores de la célebre sentencia: “el Estado no es la solución sino precisamente el problema”.

Gente más capacitada que yo ha demostrado inequívocamente que el Estado es absolutamente imprescindible para una vida social pacífica.

Así, pues, lo que está en discusión es cuál debe ser la actitud que el Estado debe adoptar en orden a su intervención como árbitro de los conflictos sociales.

¿Debe reducir su intervención a un mínimo indispensable para que las fuerzas en conflicto, capital y trabajo, actúen lo más libremente posible en la producción, o, por el contrario, su intervención debe de ser exhaustiva para que ninguno de ambos factores campe por sus anchas?

Debo reconocer que tengo los cojones más grandes que el caballo de Espartero para atreverme a encarar la cuestión esencial que se halla en el fondo de todos los problemas que asolan al mundo, un viejo como yo, en el umbral estricto de los 88 años y sin ninguna clase de conocimientos especiales sobre la materia.

Pero precisamente porque he vivido tanto y lo he hecho tan intensamente que ahora me siento esencialmente cansado, pienso que, por lo menos, en el terreno existencial sí que es posible que tenga algo pensado o, por lo menos, intuido sobre el tema.

Los liberales que, como ellos mismos dicen, van ganando la batalla, lo tienen muy claro: el Estado no debe de intervenir en la llamada lucha de clases si no es para darles la razón porque, si hace lo contrario, todo el andamiaje social se irá al carajo.

La función del Estado no es otra que las fuerzas y cuerpos de seguridad del mismo estén siempre dispuestos a salir a la calle para mantener el orden público.

Que se lo pregunte, si no, a Cristina Cifuentes, cuando casi ayer ella era la Delegada del Gobierno en Madríd, cómo sus subordinados se esforzaban bravamente en aplastar con sus botas de clavos  y porras de goma las cabezas de los que habían salido a la calle precisamente a eso, a pedir que se hiciera una mejor distribución de esa riqueza que, según Rajoy, se está produciendo en cantidades tan industriales que éramos y somos la envidia de todo el mundo civilizado.

Pero también los hay los que, como yo, creemos que el Estado y sus fuerzas y cuerpos de seguridad deben de intervenir para todo lo contrario, para que se cumpla a rajatabla, sí, la justicia, precisamente, pero ésa que se ha dado en llamar social y que partiendo de la base de la definición de justicia que hacía el viejo jurisconsulto Ulpiano, consiste en dar a cada uno lo suyo, así al capital no toda la plusvalía que la intervención de las fuerzas trabajadoras haya incorporado a las materias primas, sino tan sólo un importante interés a lo invertido que, en todo caso, debe de ser superior al que se atribuya a los casos de inversión directamente improductiva, para que sea interesante dicha inversión, pero de ningún modo abarque casi el total de dicha plusvalía puesto que, entonces, se incurre en una clara injusticia distributiva.


lunes, 3 de julio de 2017

Bienvenidos al infierno

Manifestaciones en contra del G20

Recuerdo como si hubiera sucedido ayer, las sesiones de catecismo en la parroquia de San 
Miguel de mi pueblo.

Infierno, el conjunto de todos los males sin mezcla de bien alguno.

Joder, qué definición, a ver quién es el guapo que la mejora.

¿Hay entre mis lectores alguien que pueda señalarnos qué coño de bien hay en este jodido mundo en el que intentamos sobrevivir?

¿Que comemos, el que lo hace, dos o tres veces al día, y qué comemos, coño, qué comemos?

Vegetales pasados de fertilización, carnes engordadas con hormonas, líquidos que ningún otro animal en el mundo se atrevería a beber.

¿Qué dormimos, el que puede hacerlo porque se lo permite su buena conciencia, echados sobre somieres de hierro o de madera, cubiertos con sábanas y mantas de nylon que te abrigan o hielan cuando tenían que hacer lo contrario?

Claro que hay quien come, bebe y duerme como los propios reyes después de haber jodido con mujeres de ensueño. Sí.

Pero ¿quienes son, coño? 

Ellos, ¿y quienes son éstos?

Trump y su compañero del alma, Warren Buffett, sí, ese jodido y asqueroso tipo que se reía de todos nosotros diciendo:

-Claro que hay lucha de clases, pero, a joderse, amigos, porque la vamos ganando nosotros.

Y, de vez en cuando, para comprobar como marcha la cosa, estos tipejos se reúnen en fastos que denominan de una manera rumbosa, G20, en este caso, por ejemplo. En Hamburgo.

Y nosotros, ¿qué podemos hacer para contraprogramar estos aquelarres que se celebran, como es lógico, alrededor de quien es el mismísimo Diablo?

Quemar un par de coches y cuatro cubos de basura, a cambio de que nos abran sus esbirros, con sus porras, la cabeza y nos encierren en esos mugrientos calabozos que hay en todos los bajos de las comisarías de policía de todo el mundo.

Y con la cabeza a medio vendar y la espalda llena de cardenales, nos iremos luego, cuando los del G20 se hayan ido a sus magníficos palacios, a nuestras inhabitables madrigueras a vanagloriarnos, ante nuestros hijos y nuestros vecinos, como si hubiéramos hecho algo de provecho.

domingo, 2 de julio de 2017

Una nota sobre el orgullo gay


Imagen de la celebración del Orgullo Gay en Sao Paolo. Foto Twitter

No sé, pero esta vez, tengo la sensación de que me salgo de la corriente, de la buena corriente que empuja a la humanidad por la buena senda. No estoy de acuerdo con esa exhibición obscena y grosera de esa sexualidad, tan natural como la mía, pero que ayer se mostraba con un orgullo que yo nunca he sentido por mi propia sexualidad.

Ya sé, ya sé, ya sé que eso que a mi me parece un exceso para ellos es un grito que sale de sus entrañas donde tanto tiempo han tenido que ocultar su naturaleza sexual, pero creo que dicha manifestación contra la injustísima represión de que han sido objeto no justifica su obscena exhibición de atuendos sadomasoquistas y de gestos de evidente contenido sexual.

Tendría yo veinte años cuando leí el Libro negro de Papini, hace, pues, 68, pero recuerdo como una de sus grandes reflexiones aquella que dice de que igual como nos ocultamos para defecar deberíamos de hace lo mismo para comer porque casi es tan obsceno lo uno como lo otro.

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